martes, 22 de abril de 2014

PRÁCTICAS (III). HOY OPINO SOBRE...

ORGASMO ARRUINADO


Aunque a veces puedo resultar una chica agradable en el trato, (tal vez debido a que no abuso de clichés típicos y arquetípicos, como levantar la voz o recibir a un esclavo con una lluvia de insultos que no vienen a cuento), y aunque sepa encontrar el encanto a sesiones sin sadismo físico o con prácticas consideradas más livianas, y además disfrute mucho con ellas, me temo que no soy tan amable como en ocasiones parezco, ya que las ideas perversas y malvadas me encantan. Y lejos de saciarme a base de practicarlas, cada vez me gustan más.

Pocas cosas me parecen tan malvadas como someter a un esclavo a un largo periodo de castidad (http://amamarta.blogspot.com.es/2012/10/castidad-forzada.html). Pero mucho más cruel me parece someter a ese mismo esclavo a técnicas que le ayuden a sobrellevar dicha castidad privándole de la sensación de placer. Un vaciado por una mera cuestión de salud, haciendo caso al consabido (y a veces aburrido) sano, seguro y consensuado. Pero en este caso en particular, no tiene nada de aburrido... Resulta que es cojonudo ver la frustración reflejada en sus miserables caras.

Y es que, en el fondo, los hombres están tan bien hechos! Están diseñados para que las mujeres nos divirtamos a su costa. Por eso tienen la próstata, para que les practiquemos un milking, y otras sensibilidades, peculiaridades y particularidades, para que, con un firme y certero giro de muñeca, les cortemos el orgasmo pero no la eyaculación. 

Últimamente he jugado con algunos de mis esclavos precisamente a eso. Tanto para el milking como para otras técnicas que conviertan el orgasmo de un hombre es un estrepitoso fracaso, suele ser necesaria su colaboración. Pero ellos... Ellos son marionetas y con tal de verme sonreír, han prestado siempre una amable y valiosa cooperación.

El milking, que no es más que un ordeño mediante la estimulación de la próstata (y no voy a extenderme más porque hay cientos de páginas donde explican esta técnica con pelos y señales), necesita tiempo y paciencia; cada cuerpo es un mundo, y no sólo es preciso un juguetito adecuado, sino que además hay que encontrar el punto exacto de sensibilidad, controlar la presión que se ejerce, parar, seguir, volver a parar... Suele ser eficaz, y nada despreciable el hecho de que para llegar a la próstata no hay más remedio que rellenarles el culo colocados a cuatro patas, lo cual siempre es humillante para ellos y por tanto divertido para mi. Pero para mi gusto, es más espectacular lo que se conoce como "orgasmo arruinado". Tampoco voy a extenderme hablando del "modus operandi", porque también hay información de sobra en la red. Prefiero hablar de las sensaciones durante el proceso y del resultado. De las que en ellos observo e intuyo y, cómo no, de las mías.

Ellos se estremecen mientras yo observo su miembro crecer y sufrir pequeños espasmos. Cuando es su primera vez, saben que estoy ahí para gastarles una putadita, pero no se imaginan que, en realidad, el diminutivo sobra. Durante el proceso, ellos experimentan cierto placer, claro que si... Pero esto es sólo un factor a favor de la malhechora, porque cuanto mas alto se está, más dura es la caída. Y yo, que lo sé, me regodeo y trato de hacerlos subir más y más alto. Les pido que aguanten, les digo que aún no ha llegado el momento. Si, quiero ser mala... y voy a serlo, y el corazón se me acelera. No puedo reprimir la risa, ni tampoco hago esfuerzos por hacerlo. Me excita su predisposición y su ignorancia, su entrega y su vulnerabilidad; me encanta verlos obedecer, observar sus esfuerzos por controlarse para no aguarme la fiesta; me excita pensar en el resultado, en que seré yo quien agüe la suya, y llega un punto en el que ya no quiero esperar más...

Les pido que se abandonen, que se dejen llevar, con ese tono suave que a veces empleo y que les hace pensar que seré piadosa. Pero no lo soy: Agarro, sujeto y retuerzo. Y el disparo que ellos esperan, la explosión con la que sueñan, se convierte en un triste y lento fluir. Puedo distinguir que el sonido que sale de su garganta no es de placer, sino de sorpresa y agotamiento. Así acaban... Manchados, exhaustos, con la polla fofa y sin la euforia que sigue a una eyaculación normal. A veces, incluso, me parece que están un poco enfadados. Pero eso aún me hace más gracia. Me siento como cuando era estudiante y me daba la risa en clase: el hecho de saber que era mal momento para reír, me hacia soltar una enorme carcajada. 

Me estoy riendo de su fracaso, en sus narices, pero ellos... Ellos son marionetas y pronto olvidan su enfado y su frustración. Finalmente, el efecto conseguido es el deseado. Cojo en mi mano el dispositivo de castidad, los miro y no necesito hablar. Se acercan, cabizbajos, sin oponer resistencia, y vuelven a entregarme su virilidad sin rechistar.

martes, 28 de enero de 2014

NUEVO VÍDEO: DOBLE FACESITTING, LECCIÓN II.

http://ama-marta.net/AM/AMtrailers/15AM1df/trailerAMdf2.html


Ya está publicada la segunda parte de Doble Facesitting. 

Una vez aprendidas las pautas básicas, en esta segunda lección se observa un ritmo más dinámico a la hora de llevar a cabo nuevas técnicas para usar la cara de mi esclavo como asiento. 

Ya disponible en la web para descarga.

http://ama-marta.net/AM/AMtrailers/15AM1df/trailerAMdf2.html

miércoles, 15 de enero de 2014

DOBLE FACESITTING: NUEVO VÍDEO EN LA WEB DE AMA MARTA DISPONIBLE PARA DESCARGA


CLICK EN LA IMAGEN PARA ACCEDER AL TRAILER GRATUITO Y A LA PÁGINA DE DESCARGA

Tengo una amiga con cierta curiosidad sobre algunas prácticas del BDSM, así que se me ocurrió darle algunas lecciones sobre facesitting y, aprovechando la ocasión, grabé este bonito clip..

De este vídeo destacaría el contraste entre la prudencia o piedad que le produce su inexperiencia y mi absoluta seguridad y falta de compasión, lo que en mi opinión resulta bastante morboso y además dota a las escenas grabadas de una espontaneidad y naturalidad absolutas.

Pero creo que vosotros encontraréis otros muchos detalles que os harán disfrutar de este nuevo vídeo. Ya me contaréis...




jueves, 9 de enero de 2014

MEZCLA EXPLOSIVA




Un cinturón de castidad y una pastilla azul en un cuerpo que, de momento, no la necesita para cumplir ciertas funciones.

Pongo en práctica las cosas que sé que más excitan a mi esclavo, quien no puede reprimir un quejido de dolor. Algo quiere crecer y no puede: se aplasta, se golpea, la tensión baja hacia sus testículos en forma de una sensación punzante y angustiosa. 

En un momento de mayor excitación deja durante un par de segundos de prestar atención a lo que le he ordenado que haga, porque el dolor le obliga a cerrar los ojos y a apretar los dientes, es un acto reflejo y necesita dejar de lamer mis pies para emitir un lamento. Pero eso es intolerable y severamente le pregunto por qué para. 

Qué importa más? Su polla o mi placer y capricho? No contesta, actúa. Bien hecho.

De vez en cuando oigo su lamento, pero ya no vuelve a pararse si yo no se lo pido.

Me encanta esta situación y podría pasar horas así. Por suerte para él, he quedado para cenar. 

martes, 7 de enero de 2014

CRUSHING

Para compensar el empacho que causa el espíritu navideño, inauguro el blog en 2014 con este pequeño clip.

martes, 12 de noviembre de 2013

MARTA TENÍA UN ESCLAVO



Buscando la definición de esclavitud, me encuentro con estas tres acepciones:
  1.          Estado del esclavo, del que pertenece a un dueño.
  2.          Situación social en la que se acepta con naturalidad la existencia de esclavo.
  3.          Exagerada dependencia de algo o alguien.
Me quedo, de las tres, con los conceptos “pertenencia” y “dependencia”.
Y, relacionando ambos conceptos, me pregunto: ¿Qué pasa si alguien quiere dejar de pertenecer pero no puede dejar de depender? La respuesta es que está bien jodido y la consecuencia directa será volver a desear, a ansiar, la pertenencia de la que un día quiso escapar.

Si me hago esta pregunta y llego a esta conclusión es porque, en los últimos días, he vivido una situación que ejemplifica a la perfección exactamente eso. Y me apetece contarla, me apetece mucho. 

Esta historia que os voy a contar quizá os parezca triste, pero hacedme caso cuando os digo que es una comedia y que lo apropiado es, como mínimo, esbozar una sonrisa al leerlo. Descojonarse, como hice yo, también lo es. Y procede, además, alegrarse de ser un simple lector y  no el pelele que la protagoniza.


MARTA TENÍA UN ESCLAVO

El esclavo de Marta tenía una doble lucha. Luchaba por ser el mejor, por ser su juguete favorito. Luchaba, al mismo tiempo, para poder marcharse, para dejar de ser suyo. Un día, encontró las fuerzas para alejarse.

Sin embargo, pasadas unas cuantas semanas, él la llamó.

Quería contarle algo que le había pasado, algo que resultaría  terrible y dramático para cualquier hombre.
Si, probablemente lo habéis adivinado:  Había conocido a una chica, una que le gustaba y le atraía de verdad y había conseguido, sin demasiado esfuerzo, llevársela a la cama. Todo era perfecto, todo estaba saliendo rodado, pero hubo algo que falló: su polla. Por más esfuerzos que ambos pusieron en levantar su ánimo, su ánimo permaneció fofo.

Un rato después, de camino a su casa, inexplicablemente y contra todo pronóstico, dadas las circunstancias, pasó por su cabeza la idea de contarle a la que había sido su Ama lo que le había ocurrido y, en ese preciso instante, imaginando cuál sería la reacción de ella al escucharlo, tuvo una potente erección.

Tal vez penséis que entonces se sintió avergonzado, rabioso y/o frustrado,  y que puso todos los medios a su alcance para olvidar ese episodio. Pero lejos de eso, se revolcó en aquello que le había sucedido, se obsesionó con la idea de que sufría de impotencia si el estímulo no estaba relacionado con la mujer de la que un día quiso escapar, se relamió en la sensación de que su sexualidad no le pertenecía a él, sino a ella, y el impulso de llamarla se hizo irrefrenable.

Ella escuchaba atentamente su “anécdota” y cuando terminó no se esforzó en disimular su satisfacción. Buscó en su cabeza las palabras adecuadas para definirlo y pensó que aquel pobre hombre estaba psicológicamente castrado. Pensó que sufría de impotencia selectiva. Y, no voy a mentiros… aquello le gustó.

La sospecha de que ella pudiera sentirse complacida, fue lo que lo impulsó a llamarla. Sus carcajadas al otro lado del teléfono, las que debilitaban por momentos la poca voluntad que le quedaba. Su "estás bien jodido", lo hizo descender al escalón más bajo. Ella notaba la voz del que fue su esclavo quebrada, jadeante y supo que estaba casi rendido, a punto de suplicar que le dejase verla, a punto de  volver a entregarle lo que al parecer nunca había dejado de pertenecerle,  y decidió entonces aprovechar su flaqueza   para usarlo, humillarlo y castigarlo de un modo particular. Y había un modo de lograr todo eso al mismo tiempo.

Sin dudarlo, le dijo lo mucho que le gustaría que en ese preciso momento él le hiciera una transferencia, pero aclarándole que no iba a haber ningún tipo de contraprestración.  No iba a dejarle verla, ni ese día ni al día siguiente. Tal vez nunca más. Tal vez lo redujese a eso, a la categoría de monedero, de tarjeta de crédito, a uno de los grados más bajos en los que puede situarse a un esclavo. El complemento perfecto para su incapacidad de tener una vida sexual, convencional o no, al margen de ella quizá fuese precisamente ese: ser su esclavo financiero, ese del que sólo iba a acordarse por un puro y mezquino interés pecuniario.

Ella podía adivinar su perplejidad, pero lo conocía bien. Sabía que cuanto más despiadada fuera ella, más excitado y manejable estaría él. Y a Marta le encantaba ser despiadada. Entonces jugó con él, como si fuese una gatita divirtiéndose con un ratón indefenso:

"Si no quieres correr riesgos, ni palmar pasta, corre al baño a desahogarte. Si no, usa los medios que Internet pone a tu disposición y luego, corre al baño". "Ya se que soy yo la que maneja tu polla, no es necesario que te sablee la pasta, estoy suficientemente satisfecha". "Claro que, si quieres seguir un rato más así de cachondo, hacerme la transferencia ayudaría bastante". "De verdad, soy completamente sincera cuando te digo que estás a tiempo de echarte atrás, olvidar esto y seguir con tu vida". "Aunque creo que lo realmente justo sería que la hicieras, porque te he ayudado a recordar de quien eres, porque un dedo de mi pie es más excitante para ti que una mujer bonita, desnuda y dispuesta, y porque me gusta gastarme tu dinero y ti que me lo gaste."

Hubo una transferencia, y no fue la única aquella tarde. Ella reía sin parar y él estaba dispuesto a dárselo todo. Ella pedía, él daba. El pequeño ratón, que se sabía derrotado desde el principio del juego, sólo deseaba seguir viviendo para que aquella tortura no terminara nunca. Pero todos sabemos que los gatos, a veces, son un poco crueles, se aburren de su presa y la abandonan.

Pero, eso sí, la presa abandonada está herida de muerte.

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